Un suelo de tango y de revolución, un suelo de milanesas y milongas, veo un suelo distinto que hasta ahora aún sigue siendo lo único que veo pero por ser sobrecogedor y por darme una bienvenida espléndida y educada.
Ya tengo una semana y un día en Buenos Aires y al parecer es cierto lo que dicen de que los argentinos se dañan cuando salen de su tierra. La gente que atiende es muy atenta y educada, tal vez en un par de cosas no han podido solucionar al momento por problemas de protocolo burocrático, pero eso ya es en cualquier parte del mundo.
El primer día la señora con la que vivo, una psicóloga retirada que al parecer sigue atendiendo pacientes cuando me parece que ella ya está para que la atiendan, me metió miedo de que aquí era peligroso y que no sacara el celular ni la cámara, porque hay gente que te tira manotazos para sacártelos. A esto respondí con una mirada fría por unos segundos y luego pronuncié: “yo le voy a contar cómo son las cosas en Caracas”.
Luego de ponerla al tanto de la situación caraqueña la señora se me quedó viendo como si hubiese visto al mismísimo demonio y apenas y dijo: “¡Qué mal! Andá tranquilo entonces que lo de acá es poca cosa”. Le sonreí y eso fue exactamente lo que hice. Obviamente el entrenamiento caraqueño me tiene con ojos en la nuca y pocas veces alguien me ha tomado por sorpresa en la calle.
En cuanto a la calle, la gente respeta las leyes, no se comen los semáforos, he visto a más de un carro retrocediendo porque quedó encima del rayado, la gente cruza por el rayado, las aceras son bastante decentes aunque no perfectas (me he tropezado un par de veces y me he reído de gente tropezándose más de un par de veces).
Es bien interesante como todos los trabajos de arquitectura viejos son tan variados los unos de los otros, de repente encuentras un edificio francés siglo XVIII al lado de uno italiano siglo XVII al lado de uno de vidrio a lo metrópolis siglo XXII. Es bien raro, pero pintoresco.
La gente en la calle es bien cara de culo. Digo esto porque estoy acostumbrado a que en Caracas cuando uno ve a una mamá con el carajito, uno ve el bebé luego mira a la madre y sonríe y te sonríen de vuelta. Aquí no. Y lo mismo pasa con los perros o con cosas curiosas que haya en la calle. La gente va a la suya.
En fin, por ahora bien. Un poco solo, no conozco a nadie, pero también es bonito poder salir a caminar en un mundo nuevo donde nadie sabe quién eres.
Extraño un par de cosas, amigos y a mi jamón de pierna. Ya quisiera traérmelos a todos para acá para que nos envuelva a todos juntos este suelo que piso ahora.
No comments:
Post a Comment