20100317

Desde el suelo veo...


Un suelo de tango y de revolución, un suelo de milanesas y milongas, veo un suelo distinto que hasta ahora aún sigue siendo lo único que veo pero por ser sobrecogedor y por darme una bienvenida espléndida y educada.
Ya tengo una semana y un día en Buenos Aires y al parecer es cierto lo que dicen de que los argentinos se dañan cuando salen de su tierra. La gente que atiende es muy atenta y educada, tal vez en un par de cosas no han podido solucionar al momento por problemas de protocolo burocrático, pero eso ya es en cualquier parte del mundo.
El primer día la señora con la que vivo, una psicóloga retirada que al parecer sigue atendiendo pacientes cuando me parece que ella ya está para que la atiendan, me metió miedo de que aquí era peligroso y que no sacara el celular ni la cámara, porque hay gente que te tira manotazos para sacártelos. A esto respondí con una mirada fría por unos segundos y luego pronuncié: “yo le voy a contar cómo son las cosas en Caracas”.
Luego de ponerla al tanto de la situación caraqueña la señora se me quedó viendo como si hubiese visto al mismísimo demonio y apenas y dijo: “¡Qué mal! Andá tranquilo entonces que lo de acá es poca cosa”. Le sonreí y eso fue exactamente lo que hice. Obviamente el entrenamiento caraqueño me tiene con ojos en la nuca y pocas veces alguien me ha tomado por sorpresa en la calle.
En cuanto a la calle, la gente respeta las leyes, no se comen los semáforos, he visto a más de un carro retrocediendo porque quedó encima del rayado, la gente cruza por el rayado, las aceras son bastante decentes aunque no perfectas (me he tropezado un par de veces y me he reído de gente tropezándose más de un par de veces).
Es bien interesante como todos los trabajos de arquitectura viejos son tan variados los unos de los otros, de repente encuentras un edificio francés siglo XVIII al lado de uno italiano siglo XVII al lado de uno de vidrio a lo metrópolis siglo XXII. Es bien raro, pero pintoresco.
La gente en la calle es bien cara de culo. Digo esto porque estoy acostumbrado a que en Caracas cuando uno ve a una mamá con el carajito, uno ve el bebé luego mira a la madre y sonríe y te sonríen de vuelta. Aquí no. Y lo mismo pasa con los perros o con cosas curiosas que haya en la calle. La gente va a la suya.
En fin, por ahora bien. Un poco solo, no conozco a nadie, pero también es bonito poder salir a caminar en un mundo nuevo donde nadie sabe quién eres. 
Extraño un par de cosas, amigos y a mi jamón de pierna. Ya quisiera traérmelos a todos para acá para que nos envuelva a todos juntos este suelo que piso ahora.

20100301

Lo que dura un cigarro

… y todo termina siendo tiempo no? “No, me fumo éste y nos vamos”, “acompáñame a fumarme un cigarro”, “este año dejo de fumar”. Si, de bolas, ya todas estas frases terminan con uno sentado hablando paja con alguien y prendiendo otro.
Al final nunca sabemos cuánto es que dura un cigarro, siempre es más de lo que se tarda el carrito en llegar, o menos de lo que se tarda la caraja que estás esperando. Siempre se hace corto cuando queremos fumar y largo cuando estamos asqueados… bueno, ¿como todo en la vida no?
No es que queramos fumarnos tres antes de irnos, o dos cuando alguien te está acompañando o que simplemente este año no me provocó dejar de fumar, sino que estamos usando esta mierda como muleta en esta vida en la que andamos cojos.
Si me arrecho prendo un cigarro, si estoy deprimido no lo pienso dos veces, cuando acabo de comer como un cerdo me fumo hasta dos y las razones no es ni porque me calma ni porque me hace feliz ni porque es parte de la comida para mi, - capaz esto si- sino porque quiero que sepas que estoy arrecho, que estoy triste y que acabo de comer bien, es un guiño social. Ese primer jalón que todos pegamos cuando el yesquero echa chispas y se prende esa llama iluminadora de supuesta paz y tranquilidad, porque mira que queremos asociar fumarse un cigarro con la paz y la tranquilidad, no es más que un cartel que muestra tu estado de ánimo. “Mierda qué buena estaba esa carne” y botas el humo como si acabaras de tener un orgasmo en los pulmones y en el paladar.
El hecho es que esta mierda nos mata poco a poco y nosotros los que fumamos nos estamos suicidando lentamente para tener algún tipo de interés para el resto de los mortales. Todos los que empezamos a fumar fue porque vimos a alguien que se veía de pinga fumando y quisimos vernos así, y con todo esto no estoy diciendo que lo de la adicción es mentira, pero el peo estuvo en querer ser de pinga como el carajo de la película, o como nuestros papás o como ese tipo con la melena que tocaba guitarra sin soltar el cigarro de los labios. Todos queríamos ser Slash.
¿Cuánto dura un cigarro? No sé, supongo que hasta que sientas que eres tan de pinga como Slash o como tu papá o como el carajo de la película, o si tienes suerte, hasta que te des cuenta que no necesitas esta mierda para convivir en esta vida en la que a los que fumamos cada vez nos arrinconan más, diciéndonos “ya los que fuman no son tan de pinga”.
Todavía me queda media caja…